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Perdidos, las descargas y la iniciativa Dharma
Publicado el 23 23UTC Abril 23UTC 2009 3 comentarios
El caso de Perdidos, que Cuatro anda publicitando de manera exagerada tras haberse hecho con los derechos de la serie, es un punto de partida perfecto para seguir hablando del tema de las descargas ilegales. Y, más específicamente, de la falta de reflejos de la industria audiovisual a la hora de adaptarse a los nuevos tiempos. Lost no es solo una de las series de más éxito de los últimos años, sino también, como consecuencia clara de ello, una de las más pirateadas. No podía haber sido de otra forma.No creo que esa anunciada reposición de todos los episodios que anuncia la cadena vaya a servir de mucho. Lo que queremos -me incluyo- los fans de la serie no es que nos vuelvan a poner los episodios antiguos, sino ver YA los nuevos. Ya. Ahora mismo. Más aún cuando sabemos que en Estados Unidos la quinta temporada comenzó el pasado 21 de enero. Han pasado ya tres meses, y aún no tiene fecha de estreno en España. Eso hace no demasiados años se consideraba normal, pero hoy en día mucha gente no está dispuesta a seguir esperando y, como no cuenta con ninguna alternativa legal para ver esos capítulos, al grito de ¿por qué los yanquis sí y yo no? se lanza a la carga. Y a la descarga.
Está claro: una serie de televisión, o una superproducción de Hollywood no pueden ya dejar pasar excesivo tiempo para llegar a las diversas partes del mundo. Las zonas de estrenos y de codificación de DVDs están muertas. Y enterradas. Cuanto antes lo reconozca la industria, será mucho mejor para ella y para todos.
Pero imaginemos que una persona quiere apuntarse ahora a ver qué es eso de Perdidos; debería empezar a ver la serie desde el primer capítulo. ¿Qué alternativas tiene para ello? En efecto, apuntarse a alguna reposición en la tele, y poco más. Si algún amigo ha grabado los episodios, pedírselos. Y si no, pues claro, comprarse los DVDs. A 40 euros por temporada, menos la cuarta, que son 50. Pero imaginemos que esa persona sólo quiere ver los episodios; no tiene interés en conservarlos después. ¿Cuenta con alguna opción viable de alquiler, algo que le permita descargárselos para visionado a un precio razonable? ¿Y qué es un precio razonable? ¿50 céntimos por episodio, diez euros por temporada? ¿Pero cómo va a ofrecer esos precios una productora, si se sigue forrando con la venta de los DVDs? Para ese atribulado espectador, siempre queda la red. Y, si no es legal, seguro que lo siente mucho.
Por otra parte , y como último punto a considerar ¿qué es legal y qué no? Mi opinión personal –este es un artículo de opinión, a fin de cuentas- es que si yo cuelgo en la red para su descarga episodios de Lost aún no emitidos estoy realizando una actividad ilegal. Pero ¿puede decirse lo mismo de episodios ya emitidos, ultrarepuestos, y susceptibles de haber sido grabados miles de veces en DVD o en –aún existen- VHS? ¿Qué diferencia hay entre grabar la enésima reposición de la primera temporada y verla después saltándose los anuncios o, directamente, descargarla de la red?
Como siempre en este tema, hay más preguntas que respuestas, pero las últimas apuntan todas a un cambio total, radical, en el modelo de negocio. Lo único claro es que la industria audiovisual, siguiendo su viejo principio, continúa dándole a la gente lo que quiere. Pero no se lo está dando de la manera adecuada.
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SMS: fondo y formas
Publicado el 20 20UTC Abril 20UTC 2009 Sin comentarios aún ...Ha sido ampliamente comentado el artículo que el profesor Enrique Dans publicaba el pasado viernes en su blog, en el que criticaba sin piedad el reportaje aparecido ese mismo día en El País sobre las descargas en Internet. Comentado, me temo, no tanto por su contenido como por sus formas:
“Vergonzoso publirreportaje en El País…”, “torpe, mal documentado”, “espantosamente tendencioso”, “desprestigia a todo un medio”, “publirreportaje malo y mentiroso…”
Es una lástima que a una de las cabezas mejor amuebladas de España en lo que se refiere al análisis y la evolución de Internet se le calienten de esa manera las teclas a la hora de opinar. Miedo me da decir que a mí el reportaje no me pareció nada de eso. Y miedo me da incluso publicar aquí estas breves líneas de opinión. Cómo está el patio, rediós.
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Aviso: esto es un artículo en defensa de González-Sinde
Publicado el 16 16UTC Abril 16UTC 2009 4 comentarios
Me lo dijeron hace tiempo: si quieres lectores en tu blog, crea polémicas, métete en fregados, toca las narices.
Vale. Pero esa no es la intención. Aunque tal y como está el patio, no tengo muy claro cómo se puede tomar el personal un texto donde servidor defienda a la recién nombrada Ministra de Cultura. Probablemente la mitad de los lectores, si no todos, piensen que estoy fatal ya del Alzheimer a mis (casi) cuarenta y cinco tacos y decidan no volver por aquí. Pero no tengo más remedio. Aunque sólo sea para intentar poner un poco de sentido en una situación que me parece desquiciada de principio a fin.
Para empezar, a pesar de que uno tiene ya bastantes años de mili encima, no recuerdo ni un solo caso de un miembro del gobierno al que se haya recibido con tal hostilidad antes incluso de que empiece a ejercer. No había dicho la buena señora una sola palabra, y ya le había caído encima un aluvión de improperios propios de una final de liga.
Los insultadores pueden dividirse en dos categorías principales:
a) Los representantes de nuestra derecha extrema que no pueden apearse de sus obsesiones (son minoría, que conste, pero hacen mucho ruido) y cuya capacidad de raciocinio no va mucho más allá de “ZP nombra a una amiga suya para que reparta subvenciones entre los titiriteros de la ceja”. Son muy libres de pensar así, pero como me gustaría mantener un cierto nivel intelectual en los temas que se tratan en este blog -por lo menos de dos neuronas funcionando a la vez-, lo mejor será no hacerles demasiado caso.
b) Los internautas. O parte de los internautas. Bueno, un colectivo de internautas que no ha parado de hacer todo el ruido posible para exigir su dimisión i-rre-vo-ca-ble (como González-Sinde viene del mundo del cine, esta palabra puede leerse con el tono de Jose Luis López Vázquez), con manifiestos, proclamas y la creación de grupos en Facebook que han ido creciendo como la espuma. A la cabeza, cosa que no me sorprende mucho, la Asociación de Internautas y su mediático presidente Victor Domingo, que ha andado chupando estos días más cámara que la propia ministra.
¿Y todo esto a santo de qué? Básicamente, a la alarma producida por las declaraciones pasadas y presentes de González-Sinde referidas a las redes de intercambio de archivos y la necesidad de imponer algún tipo de regulación, porque es que a la Ministra se le ha ocurrido –hay que ver qué imaginación- que son redes donde la gente piratea sin tasa (nunca mejor dicho) archivos cuyo contenido está sujeto a leyes de copyright y del que, por tanto, no puede disponerse gratis. Claro, ante semejante barbaridad es lógico que, como dicen en la Asociación “se reconsidere su continuidad al frente del Ministerio tal y como clama toda la Red”.
A mí este último párrafo es el que me toca las narices, sobre todo porque revela un egocentrismo atroz. Muchos internautas, sí. Concretamente, mientras escribo esto, 22.894 en el grupo principal. Quiero creer que en “toda la red” estamos algunos que pensamos de otra manera, y tenemos nuestras razones para ello.
Pero antes de seguir, se impone una aclaración.
Dije que este era un artículo en defensa de Ángeles González-Sinde.
En realidad, es un artículo en defensa de cualquier persona que ocupe ese cargo. Del PSOE o del PP. De izquierdas o de derechas. Es decir, es en defensa de cualquier persona que se atreva a decir que así no podemos seguir; que España no puede seguir estando a la cabeza de Europa en descargas ilegales. Que la cultura puede ser un derecho de los ciudadanos, pero quienes la fabrican tienen a su vez otro derecho: el de recibir una compensación económica por sus productos. Y esto último parece que no nos entra en la cabeza, y no sólo aquí. El reciente pirateo masivo –más de 100.000 descargas en unos días- de Lobezno un mes antes de su estreno ha sido justificado por más de uno alegando que, a fin de cuentas, se estaba atacando a “una multinacional”, lo cual, aplicado a otros campos, nos daría pie a llevarnos sin pagar cualquier cosa fabricada por esas malvadas corporaciones.
Porque hay una cosa indudable: el futuro de la industria del entretenimiento está en las descargas. Nadie quiere soportes físicos. Comprar CDs y DVDs es cosa de viejunos, y Sony se está comiendo con patatas su Blu-Ray. El público quiere las cosas en su casa, las quiere rápido, sin esperar fechas de estreno divididas en todo el mapamundi, y pagando precios justos. La oferta legal no deja de crecer, y va a seguir haciéndolo en los próximos años. Es impensable creer que con el tiempo los controles y la regulación sobre quién se baja qué no se van a ir haciendo más precisos y exhaustivos; hay demasiado dinero en juego. ¿Vamos a llamar fascista, inútil, interesado y lacayo de la SGAE a todo el que nos recuerde esto?
Supongo que, si han llegado hasta aquí, habrán visto que a lo largo de este artículo no he ofrecido ni una sola solución al problema. Y es porque no la tengo. Un cambio en los hábitos mundiales de consumo audiovisual –y habrá que ver si dentro de poco, también escrito, con el nuevo auge de los ebooks- es algo de tal magnitud y complicación, que sólo podrá ser resuelto con mucho trabajo y mucho diálogo por todas las partes interesadas. Que las multinacionales del sector han hecho mucho el burro en los últimos diez años, negándose a ver las señales y exprimiendo la vaca del DVD, es algo incuestionable. Que aquí hay mucha gente a la que le gustaría que la Red siguiera siendo Dodge City, también. Insisto en que no sé cuál puede ser la solución, pero sí tengo claro que no pasa por portarse como un montón de niños pequeños berreando porque la nueva seño les tiene manía.
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Carlos Salas: “El ebook cambiará la industria de libros y periódicos”
Publicado el 14 14UTC Abril 14UTC 2009 4 comentarios
Paradojas de la vida; se pasa uno la vida escribiendo, y se convierte en noticia por aquello que lee. Carlos Salas, desde luego, ha escrito mucho en su carrera periodística, desarrollada a lo largo y a lo ancho de algunos de los principales medios impresos de nuestro país. Primero en Actualidad Económica, luego en El Mundo y, posteriormente, como director de Capital, El Economista y Metro… Nunca ha parado. Pero, a pesar de ser uno de los principales periodistas económicos del país, y de estar a punto de lanzar un libro –La crisis explicada a sus víctimas, de la editorial Áltera- lo cierto es que no aparece en Tecnovedades por nada de eso.
Carlos Salas es también lector, cosa que no se puede decir de todos los que nos dedicamos a esto; y, desde hace unas semanas, es el feliz poseedor de un ebook – libro electrónico para los puristas del idioma-, que le ha dado un giro completo, y posiblemente irreversible, a sus hábitos de lectura. No se ha separado de él; al abundante contenido de serie le ha incorporado material nuevo. Lo ha enseñado a los amigos y lo ha llevado consigo por universidades y redes de transporte público. Su conclusión no admite dudas: como lector, ha entrado en otra galaxia. Pero es una galaxia en la que, asegura, todos nos vamos a encontrar tarde o temprano.
Has pasado los últimos meses escribiendo un libro sobre la crisis, y justo cuando lo terminas y lo entregas a la editorial para que sea publicado en papel… empiezas a usar el libro electrónico. ¿Qué modelo es y cómo llegó a tus manos?
Me lo regaló mi mujer el día de mi cumpleaños, el 21 de marzo, y desde entonces ha cambiado mi forma de leer. Es un Papyre. Se fabrica en Granada aunque es con licencia de una compañía coreana o china que se llama Hanlin, que produce este modelo. Viene con 400 libros en una tarjeta SD. ¿Te imaginas? Cuatro centenares de libros en media patata frita. Eso no deja de sorprenderme y creo que va a cambiar este negocio. Lo leo en el metro, cuando voy por la calle o antes de acostarme. Es más cómodo porque no tengo que sostenerlo con ambas manos antes de pasar página, me basta con apretar un botón. No cansa a la vista porque es tinta electrónica. Puedes aumentar el cuerpo de la letra hasta prácticamente leerlo sin gafas, y ponerlo de forma vertical u horizontal. Pesa unos 300 gramos, con lo cual es muy manejable. Esta versión es bastante sencilla… y la más barata, por eso cuesta menos de 300 euros. Hay otras versiones en las que puedes subrayar las páginas con un lápiz digital.

¿Cómo fueron los primeros días con él?
Casi no lo solté. Me iba a todos los sitios de mi casa con el libro. Le cargué mi libro sobre la crisis, quiero decir las pruebas que me enviaba la editorial. Y lo corregí así. Como no puedo marcar las páginas con un puntero especial, tuve que hacerlo aparte con una hoja en blanco y un bolígrafo, pero hay otros ebooks que sí te permiten hacer eso. Le he cargado música, porque te permite leer y escuchar a la vez, y artículos que encuentro en los medios digitales y que quiero leer mientras voy en el metro.
¿Y qué ha ido comentando la gente cuando te ha visto usarlo?
El otro día tenía que dar una charla en la facultad de periodismo de la Complutense y me cargué dos artículos que hablaban sobre los cambios que está sufriendo la profesión. Me los leí por el trayecto. La gente me miraba en el metro y yo les miraba a ellos, y me preguntaba qué era eso que llevaban en las manos. Algunos me decían que se llamaba periódico… Cuando se lo enseño a mis amigos me dicen con cara de extrañeza: ¿qué es eso? Y cuando les digo para qué sirve se quedan aún más extrañados; lo ven como algo tan moderno y tan fashion que no se imaginan todavía que pueda ser para ellos. Luego, hay alguien que dice eso de: “donde esté el romántico libro de papel…”, y me recuerda a la gente que decía: “donde esté la máquina de escribir Olivetti que se quite el PC”.
Ahora que llevas unas semanas con él, ¿cómo resumirías la experiencia? ¿Es sólo un juguete o es un complemento que piensas seguir usando de ahora en adelante?
Esto va a cambiar la industria editorial, no sólo a los que fabrican libros sino a los que fabrican periódicos. El ebook se convertirá en la próxima Navidad en uno de los cacharros más vendidos. En Estados Unidos, el Kindle se agotó en las pasadas Navidades. Serán cada vez más baratos y tendrán más utilidades. Te ahorra espacio en tu librería, o en tu maleta cuando sales de viaje. ¿Te imaginas cargando 400 libros? La batería dura 30 o 40 horas. Puedes llevarlo a todos sitios y en algunos aparatos ya puedes leer tu correo electrónico, conectarte a internet y hacer más cosas. Fujitsu ha sacado ya el ebook con pantalla a color.
Pero has hablado de los periódicos, no sólo de los libros…
En un ebook puedes leer los periódicos cada mañana, y con mucha comodidad. ¿Para qué ir al kiosco si un sistema inalámbrico te lo carga cuando estás despertando? Puede ser el fin hasta de los gratuitos, salvo que se adapten a este formato. Periódicos y revistas deberían de pensar en hacer contenidos adaptados a estos tamaños como hacen en Estados Unidos, donde suscribirte a una revista como Time te pasa de 233 dólares a 20 al año. La pantalla es lo bastante grande como para leer muy bien cualquier texto y ver imágenes, y lo bastante pequeña como para caber en el bolsillo de una americana, no te digo ya en un bolso de mujer. No sé si será el fin de los editores: tendrán que adaptar sus editoriales a los libros digitales. En Estados Unidos puedes comprar un libro digital a mitad de precio que uno de papel, lo cual no está mal. Se evitan intermediarios; y se ahorra papel y no se devastan los bosques, ahora que todo el mundo está tan sensibilizado.
Algún inconveniente le habrás visto…
El principal es que todavía son muy caros, aunque si sacas la cuenta de cuánto te gastas en libros, a lo mejor lo amortizas antes de lo que piensas. Otro inconveniente es que no hay suficientes libros electrónicos digitalizados en español, quiero decir, modernos. Los clásicos ya están en internet con lo cual te los descargas en un momento. Pero obras modernas, textos científicos… de eso no hay.
Entonces has elegido un mal momento para publicar un libro en eso tan anticuado que se llama papel. Pero como trata de la crisis, a lo mejor interesa…
Lo que voy a decir es importante: hasta ahora han salido varios libros sobre la crisis escritos por profesores del IESE o por economistas. Pero este es el primero escrito por un periodista de información económica. Nuestra profesión tiene algo que decir, y además, lo tiene que decir con su voz y con su sentido de la crítica y la forma de exponerla. Es un libro ameno, muy reportajeado y con mucha información. Por ejemplo, para hablar de cómo se originó esto, me remonto a los años setenta, cuando se revolucionó la Bolsa de Chicago con el Mercado Internacional de Divisas. Eso fue el principio de la sofisticación financiera que dio lugar a esos productos que luego nos enloquecerían… Pues bien, hablé con Leo Melamed, la persona que creo esa revolución. Luego, hay un capítulo dedicado a los brokers, a lo que ganan y a su codicia: hablé con muchos de ellos, que me dijeron lo que ganaban y los riesgos de su negocio. También hice una visita a Seseña, a la Ciudad Fantasma, que es el monumento a nuestra locura inmobiliaria, y entrevisté a Paco el Pocero… Es decir, no es un libro hecho en dos días. Lo empecé a preparar en octubre y lo escribí entre diciembre y finales de febrero. Tiene mucha información, algunas que se desconocen en España como la culpa del Banco de España por no controlar a las sociedades de Tasación. ¿Y sabes lo mejor? Que he usado una metáfora: la peste bubónica que azotó Londres en 1665 y que describió tan bien Daniel Defoe en Diario del año de la Peste. El libro además está lleno de ilustraciones como si fuera un cómic, una novela gráfica, a todo color.
¿Cómo consideras la aparición de los libros electrónicos desde el punto de vista del escritor? ¿Suponen nuevas oportunidades de negocio?
El autor seguirá siendo esencial, pero tendrán que existir sitios y portales para acceder a esos autores. Ya hay ebooks que cuando te los descargas, vienen con un autógrafo del autor dedicado expresamente a ti: basta con que pongas tu nombre antes de descargártelo. Stephen King y la premio Nobel Toni Morrison ya están enganchados a los ebooks y de hecho este último fue la estrella que presento el Kindle de Amazon en una cadena de librerías norteamericana. En España, Alberto Vázquez Figueroa lanzó su última novela por internet y se puede descargar en ebook. Y la agencia de Carmen Balcells ha llegado a un acuerdo con sus principales escritores para lanzar sus libros en formato electrónico. Esto es una revolución.



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