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  • Joaquín Guzmán: “Rockola son infinitas Gramolas, la que cada usuario lleva dentro”

    Publicado el 21 21UTC Abril 21UTC 2009 Vicente Fernández de Bobadilla Sin comentarios aún ...

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    Los profesionales de la radio están tan expuestos al encasillamiento como las estrellas de cine. Tomemos, por ejemplo, el caso de Joaquín Guzmán. Durante años fue la voz de La Gramola, ya todo un clásico de la FM al que se recuerda no sólo por su locutor, sino por el prólogo imposible –la caída de una moneda en la ranura de una máquina de discos inexistente- que se escuchaba antes de cada petición de los oyentes. Ha pasado el tiempo y, aunque de otra manera, Joaquín sigue haciendo lo mismo: ofrecer las canciones que le piden. Pero ahora la herramienta para hacerlo es Internet y su emisora Rockola.fm, donde los oyentes escuchan y se organizan todo tipo de géneros musicales según su estado de ánimo. Tras medio año largo de andadura, habla con Tecnovedades sobre cómo gracias a las posibilidades de la Red, también en la radio musical, como cantaba aquél, The times they are a’ changin’.

    ¿Cómo surgió la idea de Rockola Fm y cómo fue todo el proceso de puesta a punto?

    Durante mis años de radio tradicional, me di cuenta que las nuevas generaciones no se enganchaban a la radio para oír música. Para ellos era un medio mucho menos relevante de lo que había sido para generaciones anteriores. Existía toda una gama de nuevos medios, que fundamentalmente pasaba por los móviles e Internet, donde descubrir música. Se daban, y se dan, circunstancias que avalaban este fenómeno: conciertos y festivales llenos de gente, con grupos que no sonaban prácticamente en ningún medio de comunicación de los llamados tradicionales.

    Antes de lanzarte a crear este portal en España, ¿tenías noticias sobre el funcionamiento de portales similares en otros países?

    El primero que descubrí fue Pandora. Me fascino el poder de prescripción que tenía una web de forma automática. Luego encontré Last.fm y Musicovery. Hay muchos más, pero estos tres me sirvieron de referente. Eran webs que se adaptaban a mis gustos, con las que descubría cosas nuevas. La verdad es que me parecieron una pasada, y si ellos habían sido capaces ¿por qué nosotros no íbamos a hacer lo mismo aquí?

    En la Red la interactividad con el público es siempre muy alta, así que supongo que no te faltará información sobre la respuesta de los oyentes…

    Es muy buena. Creo que en España hasta ahora estos modelos eran desconocidos, pero 2009 se está convirtiendo en el año de la explosión de webs como Rockola. Los comentarios son en general buenos, y hay una sensación general de sorpresa, por el desconocimiento y las posibilidades que tiene Rockola cuando la gente la descubre. Carlos Goñi, de Revolver, me dijo: “me he quedado flipao cuando lo he visto”. Y también nos han pasado cosas curiosas, como salir en un blog ¡en China! Nuestra página no está en chino, evidentemente, pero lo intuitivo de su manejo motivó que los chinos hablasen de nosotros en un video; fue curiosísimo.

    Antes la gente te pedía por la radio canciones según su estado de ánimo y ahora las pueden elegir ellos mismos en Internet. ¿Es Rockola la gramola del siglo XXI?

    La radio musical ha cambiado mucho, y ya no se parece en nada a un espacio de comunicación donde propiciar otra Gramola. El caso de los oyentes es distinto, creo que siguen buscando lo que podríamos llamar sus “espacios Gramola”. En cierta forma Rockola son infinitas Gramolas, la que cada usuario lleva dentro.

    Hace ya bastante tiempo que hay un intenso debate sobre la influencia de Internet en los medios de comunicación, pero suele centrarse en los medios escritos. ¿Crees que la influencia de la Red en la radio se ha dejado un poco de lado? ¿Y cómo ves tú esa influencia?

    Creo que falta un gran trasvase de audiencias, como sucede en los medios escritos. Las paginas que mas visitas tienen, casi siempre, son diarios con ediciones en papel. A la radio y a la tele les pasara lo mismo es cuestión de tiempo. Va más retrasado, por diferentes motivos, pero sobre todo hay uno fundamental que son los costes del streaming. Afortunadamente cada año van bajando, pero aun así siguen siendo caros en comparación con un periódico on line. Además queda por establecer un marco mundial en cuestiones de derechos de autor, grabaciones, etcétera… Se han hecho grandes avances y esfuerzos, pero aún queda camino para establecer bases de ámbito global y nuevos modelos de negocio.

    Si la gente tiene la posibilidad de organizarse listas de reproducción personalizadas ¿qué puede ocurrir con fórmulas de música convencionales como Los 40 Principales, Kiss, etc, donde el oyente no tiene capacidad de elección sobre lo que escucha?

    Creo que tienen dos caminos: uno es una especialización brutal, dirigiéndose a nichos de géneros musicales. Y hay un segundo camino, que no entiendo como todavía no lo ha tomado nadie: hacer radio musical especializada para un público mayor de 50 años. Este es clarísimo, y posiblemente de mucho éxito. La radio musical hace años que decrece en su volumen general de oyentes. Lo único que ha sucedido en los últimos cinco años son trasvases de una radiofórmula a otra, pero no consiguen captar audiencia nueva. Ninguna. Está en decadencia y además sus directivos lo saben. Para atraer a un público joven, la radio musical debería de ser un complemento a una buena oferta en Internet, y no al revés, como sucede ahora. Pero esto requiere una inversión que de momento ninguno ha hecho.

    Uno de los mayores hitos en la historia de la radio fue la aparición del transistor, que permitió llevarla en el bolsillo. ¿Rockola.Fm ha sido pensada para disfrutarla en el ordenador, o le sacaremos todo el partido en dispositivos portátiles?

    Está pensada y diseñada para disfrutarla, de momento, en el ordenador… Pero con vocación móvil. Ya tenemos una aplicación para el iPhone. En el futuro, la movilidad de Rockola y sitios parecidos será una revolución y posiblemente lo que termine dando la puntilla a la radio musical tradicional. En esta carrera los fabricantes de hardware tienen mucho que ver y que decir.

    Creo que también prestáis apoyo a músicos que empiezan. ¿Qué tiene que hacer un grupo que quiera colocar sus canciones en Rockola.fm?

    En la parte de debajo de la web hay un enlace que les lleva a un formulario para mandar su música. Una vez recibida, la escuchamos y catalogamos convenientemente.

    Por último, has insistido mucho en la legalidad absoluta de los contenidos de Rockola.fm. Sin embargo, la mayor parte de la música que circula por la Red sigue siendo ilegal. Y creo que has comentado alguna vez que este fenómeno puede afectar –negativamente- a nuevos modelos de negocio. ¿En qué sentido?

    Que las cosas sean ilegales afecta negativamente siempre a lo que sea y en el ámbito que sea; la palabra ilegal creo que ya lleva implícito un daño en sí misma. Lo que sí que creo es que sitios como Rockola frenarán ese fenómeno. Los que por motivos profesionales acumulamos contenidos, en mi caso CDs, conocemos perfectamente el problema que ello supone de espacio, orden, elección para oír, etc.…. Sitios como Rockola te llevan a no querer tener almacenadas las canciones ¿para qué? Como se decía en The Long Tail, de Chris Anderson, “en un mundo de infinitas opciones, el contexto, y no el contenido es el rey”.

  • Carlos Salas: “El ebook cambiará la industria de libros y periódicos”

    Publicado el 14 14UTC Abril 14UTC 2009 Vicente Fernández de Bobadilla 4 comentarios

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    Paradojas de la vida; se pasa uno la vida escribiendo, y se convierte en noticia por aquello que lee. Carlos Salas, desde luego, ha escrito mucho en su carrera periodística, desarrollada a lo largo y a lo ancho de algunos de los principales medios impresos de nuestro país. Primero en Actualidad Económica, luego en El Mundo y, posteriormente, como director de Capital, El Economista y Metro… Nunca ha parado. Pero, a pesar de ser uno de los principales periodistas económicos del país, y de estar a punto de lanzar un libro –La crisis explicada a sus víctimas, de la editorial Áltera- lo cierto es que no aparece en Tecnovedades por nada de eso.

    Carlos Salas es también lector, cosa que no se puede decir de todos los que nos dedicamos a esto; y, desde hace unas semanas, es el feliz poseedor de un ebook – libro electrónico para los puristas del idioma-, que le ha dado un giro completo, y posiblemente irreversible, a sus hábitos de lectura. No se ha separado de él; al abundante contenido de serie le ha incorporado material nuevo. Lo ha enseñado a los amigos y lo ha llevado consigo por universidades y redes de transporte público. Su conclusión no admite dudas: como lector, ha entrado en otra galaxia. Pero es una galaxia en la que, asegura, todos nos vamos a encontrar tarde o temprano.

    Has pasado los últimos meses escribiendo un libro sobre la crisis, y justo cuando lo terminas y lo entregas a la editorial para que sea publicado en papel… empiezas a usar el libro electrónico. ¿Qué modelo es y cómo llegó a tus manos?

    Me lo regaló mi mujer el día de mi cumpleaños, el 21 de marzo, y desde entonces ha cambiado mi forma de leer. Es un Papyre. Se fabrica en Granada aunque es con licencia de una compañía coreana o china que se llama Hanlin, que produce este modelo. Viene con 400 libros en una tarjeta SD. ¿Te imaginas? Cuatro centenares de libros en media patata frita. Eso no deja de sorprenderme y creo que va a cambiar este negocio. Lo leo en el metro, cuando voy por la calle o antes de acostarme. Es más cómodo porque no tengo que sostenerlo con ambas manos antes de pasar página, me basta con apretar un botón. No cansa a la vista porque es tinta electrónica. Puedes aumentar el cuerpo de la letra hasta prácticamente leerlo sin gafas, y ponerlo de forma vertical u horizontal. Pesa unos 300 gramos, con lo cual es muy manejable. Esta versión es bastante sencilla… y la más barata, por eso cuesta menos de 300 euros. Hay otras versiones en las que puedes subrayar las páginas con un lápiz digital.

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    ¿Cómo fueron los primeros días con él?

    Casi no lo solté. Me iba a todos los sitios de mi casa con el libro. Le cargué mi libro sobre la crisis, quiero decir las pruebas que me enviaba la editorial. Y lo corregí así. Como no puedo marcar las páginas con un puntero especial, tuve que hacerlo aparte con una hoja en blanco y un bolígrafo, pero hay otros ebooks que sí te permiten hacer eso. Le he cargado música, porque te permite leer y escuchar a la vez, y artículos que encuentro en los medios digitales y que quiero leer mientras voy en el metro.

    ¿Y qué ha ido comentando la gente cuando te ha visto usarlo?

    El otro día tenía que dar una charla en la facultad de periodismo de la Complutense y me cargué dos artículos que hablaban sobre los cambios que está sufriendo la profesión. Me los leí por el trayecto. La gente me miraba en el metro y yo les miraba a ellos, y me preguntaba qué era eso que llevaban en las manos. Algunos me decían que se llamaba periódico… Cuando se lo enseño a mis amigos me dicen con cara de extrañeza: ¿qué es eso? Y cuando les digo para qué sirve se quedan aún más extrañados; lo ven como algo tan moderno y tan fashion que no se imaginan todavía que pueda ser para ellos. Luego, hay alguien que dice eso de: “donde esté el romántico libro de papel…”, y me recuerda a la gente que decía: “donde esté la máquina de escribir Olivetti que se quite el PC”.

    Ahora que llevas unas semanas con él, ¿cómo resumirías la experiencia? ¿Es sólo un juguete o es un complemento que piensas seguir usando de ahora en adelante?

    Esto va a cambiar la industria editorial, no sólo a los que fabrican libros sino a los que fabrican periódicos. El ebook se convertirá en la próxima Navidad en uno de los cacharros más vendidos. En Estados Unidos, el Kindle se agotó en las pasadas Navidades. Serán cada vez más baratos y tendrán más utilidades. Te ahorra espacio en tu librería, o en tu maleta cuando sales de viaje. ¿Te imaginas cargando 400 libros? La batería dura 30 o 40 horas. Puedes llevarlo a todos sitios y en algunos aparatos ya puedes leer tu correo electrónico, conectarte a internet y hacer más cosas. Fujitsu ha sacado ya el ebook con pantalla a color.

    Pero has hablado de los periódicos, no sólo de los libros…

    En un ebook puedes leer los periódicos cada mañana, y con mucha comodidad. ¿Para qué ir al kiosco si un sistema inalámbrico te lo carga cuando estás despertando? Puede ser el fin hasta de los gratuitos, salvo que se adapten a este formato. Periódicos y revistas deberían de pensar en hacer contenidos adaptados a estos tamaños como hacen en Estados Unidos, donde suscribirte a una revista como Time te pasa de 233 dólares a 20 al año. La pantalla es lo bastante grande como para leer muy bien cualquier texto y ver imágenes, y lo bastante pequeña como para caber en el bolsillo de una americana, no te digo ya en un bolso de mujer. No sé si será el fin de los editores: tendrán que adaptar sus editoriales a los libros digitales. En Estados Unidos puedes comprar un libro digital a mitad de precio que uno de papel, lo cual no está mal. Se evitan intermediarios; y se ahorra papel y no se devastan los bosques, ahora que todo el mundo está tan sensibilizado.

    Algún inconveniente le habrás visto…

    El principal es que todavía son muy caros, aunque si sacas la cuenta de cuánto te gastas en libros, a lo mejor lo amortizas antes de lo que piensas. Otro inconveniente es que no hay suficientes libros electrónicos digitalizados en español, quiero decir, modernos. Los clásicos ya están en internet con lo cual te los descargas en un momento. Pero obras modernas, textos científicos… de eso no hay.

    Entonces has elegido un mal momento para publicar un libro en eso tan anticuado que se llama papel. Pero como trata de la crisis, a lo mejor interesa…

    Lo que voy a decir es importante: hasta ahora han salido varios libros sobre la crisis escritos por profesores del IESE o por economistas. Pero este es el primero escrito por un periodista de información económica. Nuestra profesión tiene algo que decir, y además, lo tiene que decir con su voz y con su sentido de la crítica y la forma de exponerla. Es un libro ameno, muy reportajeado y con mucha información. Por ejemplo, para hablar de cómo se originó esto, me remonto a los años setenta, cuando se revolucionó la Bolsa de Chicago con el Mercado Internacional de Divisas. Eso fue el principio de la sofisticación financiera que dio lugar a esos productos que luego nos enloquecerían… Pues bien, hablé con Leo Melamed, la persona que creo esa revolución. Luego, hay un capítulo dedicado a los brokers, a lo que ganan y a su codicia: hablé con muchos de ellos, que me dijeron lo que ganaban y los riesgos de su negocio. También hice una visita a Seseña, a la Ciudad Fantasma, que es el monumento a nuestra locura inmobiliaria, y entrevisté a Paco el Pocero… Es decir, no es un libro hecho en dos días. Lo empecé a preparar en octubre y lo escribí entre diciembre y finales de febrero. Tiene mucha información, algunas que se desconocen en España como la culpa del Banco de España por no controlar a las sociedades de Tasación. ¿Y sabes lo mejor? Que he usado una metáfora: la peste bubónica que azotó Londres en 1665 y que describió tan bien Daniel Defoe en Diario del año de la Peste. El libro además está lleno de ilustraciones como si fuera un cómic, una novela gráfica, a todo color.

    ¿Cómo consideras la aparición de los libros electrónicos desde el punto de vista del escritor? ¿Suponen nuevas oportunidades de negocio?

    El autor seguirá siendo esencial, pero tendrán que existir sitios y portales para acceder a esos autores. Ya hay ebooks que cuando te los descargas, vienen con un autógrafo del autor dedicado expresamente a ti: basta con que pongas tu nombre antes de descargártelo. Stephen King y la premio Nobel Toni Morrison ya están enganchados a los ebooks y de hecho este último fue la estrella que presento el Kindle de Amazon en una cadena de librerías norteamericana. En España, Alberto Vázquez Figueroa lanzó su última novela por internet y se puede descargar en ebook. Y la agencia de Carmen Balcells ha llegado a un acuerdo con sus principales escritores para lanzar sus libros en formato electrónico. Esto es una revolución.