Tecnología y sociedad: sobre el mundo digital y quienes vivimos en él
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  • La estrategia del teniente Colombo, o Pero si aquí lo que menos importa es el iPad…

    Publicado el 31 31UTC Enero 31UTC 2010 Vicente Fernández de Bobadilla 6 comentarios

    AppleUno hace un cierto tiempo que dejó de ser periodista en activo, así que quienes esperen encontrarse aquí con otra reseña sobre el iPad, lo siento, pero no la van a tener. Además, ¿es que no hemos tenido ya bastantes? Vaya días hemos vivido, por Dios. El chorreo de información, el runrún previo, la retransmisión en streaming, la cobertura posterior… ¿Qué va a decir uno sobre el iPad que esté mínimamente a la altura de las opiniones de mis ex colegas, que siguen dedicados a la tecnología al cien por cien?

    Bueno… venga, va, por lo menos algunas cosillas: uno, no me termina de convencer. Dos, no percibo que ninguna de sus funciones pueda superar a lo que ofrecen actualmente los netbooks o smartphones,  aunque el diseño, hasta ahí podríamos llegar, es impecable. Tres: si es cierto que sólo permite desarrollar una aplicación a la vez, entonces Wired tiene razón y eso no es un ordenador, sino un iPhone con elefantiasis con el que, encima, no se puede llamar. Y cuatro: ¿A quién le importa tres pepinos lo que diga yo? Lo ha presentado Steve, y basta.

    Este tema es algo que ya comenté hace unos años con Carmen Jané, la tecnoexperta de El periódico de Cataluña (por cierto, aquí sus opiniones y crónicas sobre el iPad, muy recomendables como todo lo que escribe Carmen): cómo las presentaciones de Apple habían evolucionado hasta convertirse en una de las herramientas comunicativas más demoledoras de la época actual. Si el sector tecnológico no quita ojo a su presidente, el de la comunicación y las PR, literalmente, flipa. Con él, con su estrategia, con sus resultados, incluso con su look. Porque Steve Jobs es uno de los principales cultivadores de la táctica Colombo, que consiste en escoger un uniforme con el que aparecer invariablemente ante los medios de comunicación. Colombo tenía su gabardina, Superman su pijama azul, y en el mundo real, Karl Lagerfeld tiene sus gafas de sol, George Lucas sus camisas de cuadros y Steve Jobs sus vaqueros y su suéter negro. La única manera de saber a qué año pertenece la imagen de una de sus presentaciones es mirando el gadget que tiene en la mano; él, achuchones de salud aparte, no cambia. Ni tiene por que.

    El suéter es el de todos los años, pero ah...

    Nunca tantos millones de personas miraron a un suéter, digo, a un teléfono.

    Entre los productos presentados por Steve a lo largo de los años, la verdad es que ha habido de todo; algunos han supuesto verdaderas revoluciones, otros han caído piadosamente en el olvido, otros -entre ellos cierto teléfono- han tenido que sufrir ajustes posteriores para suplir determinadas carencias. Es decir: nada que no haya ocurrido en otras muchas empresas tecnológicas. Quizá la diferencia es que Apple ha sabido jugar mejor que nadie la carta del acceso reservado. Los productos de la manzanita fueron, durante mucho tiempo, caros y exclusivos, destinados a unos determinados gremios profesionales (entre los cuales, afortunadamente, se encontraba el mío). Con el segundo advenimiento de Steve, a mediados de los 90, y el lanzamiento de la “i” como denominador común de sus productos destinados al gran consumo, Apple se convirtió en un objeto igual de elitista que antes, pero ahora mucho, mucho más hip… y ya no tan caro. Sus precios seguían por encima de sus competidores, en los campos donde los tenía, pero ahora, poco a poco, eran más guais y más asequibles.

    Hola, soy el del suéter del año pasado y les traigo...

    Hola, soy el del suéter del año pasado y les traigo...

    Y luego, encima de todo esto, estaba Steve. La comunicación en persona, el clipping masivo con suéter negro. ¿Bill Gates? No me hagan reír; le he visto tres veces en mi vida, y siempre he acabado atrapado por un cierto sopor expectante, algo similar a cuando esperaba que terminaran de descargarse las actualizaciones del Vista. Y en cuanto a las demás empresas, ni intentan contar con una figura similar y acaban tirando de chequera para que vaya un Negroponte a crear espectáculo y convencernos de que aplicaciones que ni siquiera han salido del laboratorio estarán pasado mañana en Mediamarkt.

    ¿Qué más da el iPad? Es sólo otra pieza en la colección de trofeos de Steve. Los Applefilos ya van haciendo cuentas, consideran si sí o si no. y Steve, por su parte, ya estará planchando el suéter negro para el año que viene. Si el iPad seguirá vigente entonces o su recuerdo quedará borrado por el nuevo coprotagonista de presentación de Steve, eso estará por ver. Lo que es seguro es que habrá un suéter negro. Una vez más, el hombre frente a la máquina. O, mejor dicho, el hombre con su máquina. Y el mundo, mirando.