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Por qué Internet necesita una legislación (3): releyendo a Lessig
Publicado el 14 14UTC Febrero 14UTC 2010 Sin comentarios aún ...Si se quiere pasar por un verdadero pedante, no hay que decir que se está leyendo a un autor famoso: hay que decir que se le relée. Sin ir más lejos, yo me leí El código, de Lawrence Lessig nada más publicarse. Luego, lo sepulté en la estantería correspondiente, y ahora, unos años después, lo he sacado de ella para someterlo a un intenso repaso.
El motivo es que quería repasar lo que Lessig tenía que decir sobre normas y regulaciones en la Red. De alguna manera, el nombre de este Catedrático de Derecho de Harvard ha ido ganándose con los años una reputación creciente de enemigo declarado de los derechos de autor, a los que consideraría como algo que la Humanidad debe dar por superado y enterrar en el olvido, como se hizo en su día con las monarquías absolutistas o los calentadores de piernas. Supongo que todos conocemos el vídeo que circula por You Tube donde se anuncia la desaparición de la prensa tradicional para el año 2015 y se especula con que Lessig será nombrado Ministro de Justicia en Estados Unidos… y lo primero que hará será declarar ilegal el copyright.
Uno, la verdad, no sabe de dónde salen estas cosas. Porque una relectura de su obra fundamental deja completamente claro que Lessig jamás ha promulgado la eliminación del copyright ni nada que se le parezca. Sí ha escrito, en más de una ocasión, sobre la necesidad de transformar el modelo actual, que se está demostrando cada vez más imperfecto para tratar de manera eficiente la evolución que el concepto de derechos está viviendo en la sociedad digital (Los interesados pueden leerse esta entrevista publicada en Muy Interesante, estupenda… aunque escriban su apellido “Lessing”. como si fuera pariente de la premio Nobel). Y ha hecho algo más que escribir, como demostró con su iniciativa de lanzar Creative Commons, un nuevo modelo de gestión de derechos que permite a los autores fabricarse un copyright a medida, sin que ello signifique renunciar a percibir ingresos por su trabajo.
Que el problema de la gestión de derechos de autor viene de bastante más atrás que las últimas andanzas de los Teddy Boys, lo prueba el examen que Lessig hace del Libro Blanco preparado por el Departamento de Comercio de Estados Unidos en 1995 (El Código es de 1999), donde se intentaba buscar una solución a los cambios en “la propiedad intelectual y la infraestructura nacional de información”. No voy a ponerme aquí especialmente exhaustivo sobre los comentarios de Lessig, pero sí quisiera resaltar uno: su principal crítica a este Libro Blanco radica en que parte de una idea “fundamentalmente equivocada: la idea de que la naturaleza del ciberespacio es la anarquía”. Lo que hizo Lessig fue criticar los contenidos y el desarrollo de ese Libro Blanco; no la necesidad de que exista un Libro Blanco o algún tipo de regulación.
Su apuesta por esa regulación es, como en todo el libro, el código, la conjunción de hardware y software que conforman el ciberespacio y que deberían contribuir a su configuración y control. “Por un lado podemos construir, desarrollar la arquitectura del ciberespacio o codificarlo para que en su seno de protejan los principios y valores que consideramos fundamentales; y por otro podemos construir, desarrollar su arquitectura o codificarlo de modo que dichos principios y valores desaparezcan. No hay un punto medio”. Y esa arquitectura está presente en todo tipo de cuestiones legales que puedan derivarse del uso y desarrollo de la Red.
¿De dónde ha salido la idea de que este hombre está contra el copyright? “Si la ley no protegiese en absoluto al autor, habría pocos autores. La ley, pues, posee una razón para proteger a los autores, al menos en la medida en que, haciéndolo, les proporciona un incentivo para producir”. Esta es la misma frase que, por su sentido común, ha sido repetida infinidad de veces por autores de todo pelaje y condición, y que les ha hecho, merecedores de calificaciones de lo más variado o, mejor dicho, sin demasiada variación: hienas, peseteros, parásitos, y unas cuantas cosas más.
Este repaso a la obra más conocida de Lessig me ha hecho ver que no estaba tan solo como creía. Así que seguramente voy a seguir recurriendo a ella a la hora de examinar aspectos como la libertad de expresión, derecho a la privacidad y otras cosillas que seguramente irán apareciendo por aquí. Pero sí resulta que Lessig realmente no defiende la desaparición del copyright entonces ¿quién lo hace? ¿Qué dicen las voces patrias más oídas en el entorno de Internet? Probablemente sea lo que consulte en la siguiente entrega.
Y mientras tanto, si quieren conocer mejor a Lessig, pueden hacer tres cosas: una, buscar este libro, que ya debe estar pelín desaparecido. Dos, comprar en esta página su nueva versión actualizada y ampliada, por 26 euros… o, tres, descargarse, en esta misma página una versión en PDF completamente gratis. ¿No es el mejor ejemplo de la evolución del copyright?
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Por qué Internet necesita una legislación (2): el semáforo inevitable
Publicado el 7 07UTC Febrero 07UTC 2010 1 comentarioUna de las cosas buenas de Internet es su facilidad para proporcionarnos al instante datos de relevancia variable. Por ejemplo, para seguir con esta serie de artículos necesitaba saber el momento en el que fue instalado el primer semáforo del mundo. De acuerdo con diversas páginas, este aparato de regulación del tránsito rodado apareció en Estados Unidos en 1920, más concretamente en el cruce de las avenidas Woodward y Michigan, en Detroit (precisamente la llamada ciudad del automóvil). Su creador fue el oficial de policía William L. Potts, que pensó que el creciente número de coches imponía pensar en nuevos sistemas para controlar la circulación, aunque el modelo que finalmente se popularizó por todo el país fue uno similar desarrollado por Garrett Morgan, de Ohio, y adquirido por la General Electric. Pero nos estamos yendo por la tangente. Lo que importa es recordar aquí cómo los coches comenzaron a necesitar de una legislación y un código de conducta cuando las dimensiones del parque móvil lo hicieron necesario.
Supongo que ya se me ve venir. Pero es que los paralelismos entre el nacimiento y desarrollo de la Red y el automóvil son tantos que no lo he podido ni querido evitar. De entrada, son dos de los inventos que más decisivamente han cambiado la historia y la configuración del mundo. Y luego, sus inicios tienen, en efecto, algunas cosas en común. Por ejemplo, según nos cuentan Asa Briggs y Peter Burke en su libro De Gutemberg a Internet, el advenimiento del coche sin caballos –horseless carriage, como se le llamaba entonces- produjo manifestaciones de opinión que abogaban por proporcionar “nuevas libertades, entre ellas, la “libertad de la carretera””. Pero las cosas no iban a ser así: “Desde el primer momento, la libertad de la carretera señaló la necesidad de control”, señalan los autores, recordando que las bandejas rojas utilizadas para limitar la velocidad estuvieron en uso desde mucho antes de que se construyera la primera autopista.
Probablemente si los automóviles hubieran seguido siendo, como en un principio, un lujo reservado a unos pocos afortunados, la necesidad de una estructura de control que las décadas y la tecnología han ido haciendo cada vez más compleja, nunca habría surgido. Y, de la misma manera, si Internet nunca hubiera pasado de sus pañales, cuando su uso estaba reservado a científicos y militares, únicos que por otra parte podían computar en los escasos y enormes ordenadores de la época, yo no habría escrito este artículo y nadie lo estaría leyendo (puede que tampoco lo haga demasiada gente, de todos modos). Pero los coches se abarataron y su uso creció. Influyeron no sólo en el transporte, sino en la economía y en la propia configuración de las poblaciones y las estructuras de comunicación, además de crear nuevas oportunidades de negocio. Exactamente igual que Internet.
Al mismo tiempo, su uso también ha traído aparejada una serie de problemas, como la contaminación o los accidentes, que se han intentado –y conseguido- paliar precisamente a golpe de legislación. Nadie se ha creído que la imposición de multas de tráfico cada vez más duras y la aparición de iniciativas como el carnet por puntos hayan supuesto una agresión a la libertad de nadie; sí han contribuido a reducir el número de muertos que durante mucho tiempo se ha considerado como un precio necesario para disfrutar de una invención que, sin duda, ha aportado a la humanidad muchas más ventajas que inconvenientes.

Soy Jaron Lanier y no, cuando no estoy escribiendo sobre Internet no tengo ningún grupo de reggae... ¿Por qué todos me preguntan lo mismo?
Ah, pero Internet no es un medio de transporte, sino un medio de comunicación y expresión; y además su uso indebido aún no ha matado a nadie. Cierto en ambos casos. Pero eso no quiere decir que ese uso indebido no esté afectando a la propia Internet, tanto como a los usuarios. El endurecimiento en las sanciones de tráfico fue recibido de uñas por parte de muchas personas. Ahora, textos como este tampoco son especialmente populares, y menos aún considerando cómo están las cosas. Pero, sinceramente, creo que cada vez somos más los que comenzamos a pensar así.
Es curioso, pero algunos de los éxitos editoriales más recientes referidos a Internet son los que señalan sus aspectos más negativos, a los que muy pocos se han molestado en prestar atención. Y sus autores son expertos como como Andrew Keen o Jaron Lanier, que han merecido una atención multitudinaria con sus libros The Cult of the Amateur y I am not a gadget, en los que, cada uno a su manera, nos cuentan cómo la realización de una Internet anárquica ha desembocado en un marco más digno de El señor de las moscas, con la utopía rota, inservible y perjudicial para todos los que están en ella.
Son algunos de los que han comenzado a señalar la necesidad de unas reglas de juego, los que se han atrevido a señalar los cruces donde deberían instalarse los primeros semáforos. En la próxima entrega cruzaremos la calle para repasar las predicciones de algunos de los que están en el otro lado.
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Facebook: amigos, conocidos y conectados
Publicado el 7 07UTC Mayo 07UTC 2009 1 comentario
El último recuento que he hecho de mis amigos en Facebook arroja la cifra de 93, lo que probablemente me sitúa en la categoría de aquellos que no son ermitaños digitales al cien por cien. El último recuento de amigos en la vida real, de los que han estado a mi lado durante una etapa de mi vida que no quiero volver a repetir y que espero haya concluido ya, se pueden contar con los dedos de una mano, y me sobran para teclear esto.
Se ha debatido mucho sobre el auge de las redes sociales y su papel como sustitutivo de la amistad verdadera. Supongo que buena parte de la polémica se deriva del uso, demasiado generoso, de la palabra “amigo”, con la que se califican a todos y cada uno de nuestros contactos digitales, cuando en realidad es uno de los términos que deberíamos emplear con más cuidado. Me estoy acordando ahora de la frase de Josep Pla –recordada recientemente por Juan Cruz- que dividía a la gente en amigos, conocidos y saludados, y opino que no estaría mal actualizarla como amigos, conocidos y contactados. Lo cual se ajusta mucho mejor a las 93 personas que forman mi grupillo social en Facebook… entre las cuales, por otra parte, también hay algún amigo.
Facebook puede ser muchas cosas, pero desde luego no es ninguna herramienta mágica para hacer amigos. Cada uno la maneja como quiere, pero si yo no estoy contactado con demasiada gente, se debe en buena parte a que no admito a nadie a quien no conozca en persona, siquiera mínimamente. La coincidencia en el apellido o en el lugar de origen no es suficiente para que me decida a engancharme con gente con la que, por otra parte, no tengo ninguna relación. Y aún así…
Entré en Facebook porque me metieron, como suele ocurrir con estas cosas. Luego me decidí a utilizarlo al ver que contaba en red con un número apreciable de parientes. A partir de ahí, las cosas han ido creciendo, y en mi grupo se unen ex compañeros de colegio con ilustres colegas y contactos profesionales. Ni se me pasa por la cabeza hacerme amigo de Rajoy o de Zapatero. Sí estoy conectado con algunos nombres bastante populares, como Javier Sierra, de profesión sus bestia-sellers, Fernando Berlín, hombre de radio, tecnólogo e internetero, o Pepe Colubi, el rey de la tele, que ahora triunfa con sus ¡Pechos Fuera!, pero si están en mi lista ello se debe a que ya nos conocíamos antes de que se creara Facebook. Con todo, cuando entro en sus perfiles compruebo que todos tienen miles de contactos, lo cual sólo puede explicarse gracias a que cuentan con una simpatía arrolladora o a que utilizan su perfil como una herramienta de promoción personal o profesional (eso sí, cuando les he enviado un mensaje siempre me han respondido).
Yo creo que cuando pase la tormenta, es decir, cuando descienda la ebullición de las redes sociales y su uso se vaya normalizando tal y como ha pasado con otras modas de Internet, utilizaremos Facebook como lo que es: una herramienta de contacto algo más completa –en algunos aspectos- e instantáneas –en otro- que el teléfono o el correo electrónico. No nos hace más populares (bueno, a lo mejor a Rajoy sí ¿lo cogen?) más listos ni más guapos. Ni es una herramienta para acabar teniendo un millón de amigos, como cantaba Roberto Carlos.
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Google vale 100.000 millones de dólares
Publicado el 5 05UTC Mayo 05UTC 2009 Sin comentarios aún ...
Toshiba. TDK. Waterman. Omega. Nokia. Mentos. Siemens. Son algunas de las marcas comerciales que tengo delante de los ojos en el momento de ponerme a escribir este post. Estamos rodeados, sin duda; tanto que ya, muchas veces, ni las prestamos atención. Pero a mí esto de las marcas comerciales es un tema que siempre me ha divertido. Por cierto, uno de los libros más entretenidos –e ilustrativos- que se pueden leer sobre el particular es Las marcas a examen. El gran desafío de la identidad comercial, de Kevin Drawbaugh, publicado en España hace ya algunos años por Pearson. No ha perdido un minuto de vigencia.Desde 2006, el valor de las marcas queda establecido cada año con la publicación de la clasificación BrandZ, que elabora la consultora Millward Brown. En él no sólo se determina cuáles son las marcas más valoradas por los consumidores en todo el mundo, sino que se establece un valor económico para cada una de ellas. La edición de 2009, recién publicada, coloca como ganador indiscutible a Google, con un 16% de aumento sobre el último año. Es el tercer año consecutivo que queda en primer lugar, pero la noticia está en su valor estimado: 100.000 millones de dólares. Es la primera marca comercial que logra superar esta barrera.
Entre las diez primeras marcas hay otras cinco que pertenecen al mundo tecnológico: Microsoft, IBM, Apple, China Mobile y Vodafone. Movistar no está en primera fila, pero también ha vivido un crecimiento notable: ocupa el puesto 62 -26 más arriba que el año pasado- con un valor estimado de 10.911 millones de dólares. Llama también la atención el baño que marcas como Nintendo Wii -8.256 millones- y xBox 360 -4.581- le meten a la PlayStation 3, que con 341 millones ni roza el diez por ciento del valor de sus competidores.
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Aviso: esto es un artículo en defensa de González-Sinde
Publicado el 16 16UTC Abril 16UTC 2009 4 comentarios
Me lo dijeron hace tiempo: si quieres lectores en tu blog, crea polémicas, métete en fregados, toca las narices.
Vale. Pero esa no es la intención. Aunque tal y como está el patio, no tengo muy claro cómo se puede tomar el personal un texto donde servidor defienda a la recién nombrada Ministra de Cultura. Probablemente la mitad de los lectores, si no todos, piensen que estoy fatal ya del Alzheimer a mis (casi) cuarenta y cinco tacos y decidan no volver por aquí. Pero no tengo más remedio. Aunque sólo sea para intentar poner un poco de sentido en una situación que me parece desquiciada de principio a fin.
Para empezar, a pesar de que uno tiene ya bastantes años de mili encima, no recuerdo ni un solo caso de un miembro del gobierno al que se haya recibido con tal hostilidad antes incluso de que empiece a ejercer. No había dicho la buena señora una sola palabra, y ya le había caído encima un aluvión de improperios propios de una final de liga.
Los insultadores pueden dividirse en dos categorías principales:
a) Los representantes de nuestra derecha extrema que no pueden apearse de sus obsesiones (son minoría, que conste, pero hacen mucho ruido) y cuya capacidad de raciocinio no va mucho más allá de “ZP nombra a una amiga suya para que reparta subvenciones entre los titiriteros de la ceja”. Son muy libres de pensar así, pero como me gustaría mantener un cierto nivel intelectual en los temas que se tratan en este blog -por lo menos de dos neuronas funcionando a la vez-, lo mejor será no hacerles demasiado caso.
b) Los internautas. O parte de los internautas. Bueno, un colectivo de internautas que no ha parado de hacer todo el ruido posible para exigir su dimisión i-rre-vo-ca-ble (como González-Sinde viene del mundo del cine, esta palabra puede leerse con el tono de Jose Luis López Vázquez), con manifiestos, proclamas y la creación de grupos en Facebook que han ido creciendo como la espuma. A la cabeza, cosa que no me sorprende mucho, la Asociación de Internautas y su mediático presidente Victor Domingo, que ha andado chupando estos días más cámara que la propia ministra.
¿Y todo esto a santo de qué? Básicamente, a la alarma producida por las declaraciones pasadas y presentes de González-Sinde referidas a las redes de intercambio de archivos y la necesidad de imponer algún tipo de regulación, porque es que a la Ministra se le ha ocurrido –hay que ver qué imaginación- que son redes donde la gente piratea sin tasa (nunca mejor dicho) archivos cuyo contenido está sujeto a leyes de copyright y del que, por tanto, no puede disponerse gratis. Claro, ante semejante barbaridad es lógico que, como dicen en la Asociación “se reconsidere su continuidad al frente del Ministerio tal y como clama toda la Red”.
A mí este último párrafo es el que me toca las narices, sobre todo porque revela un egocentrismo atroz. Muchos internautas, sí. Concretamente, mientras escribo esto, 22.894 en el grupo principal. Quiero creer que en “toda la red” estamos algunos que pensamos de otra manera, y tenemos nuestras razones para ello.
Pero antes de seguir, se impone una aclaración.
Dije que este era un artículo en defensa de Ángeles González-Sinde.
En realidad, es un artículo en defensa de cualquier persona que ocupe ese cargo. Del PSOE o del PP. De izquierdas o de derechas. Es decir, es en defensa de cualquier persona que se atreva a decir que así no podemos seguir; que España no puede seguir estando a la cabeza de Europa en descargas ilegales. Que la cultura puede ser un derecho de los ciudadanos, pero quienes la fabrican tienen a su vez otro derecho: el de recibir una compensación económica por sus productos. Y esto último parece que no nos entra en la cabeza, y no sólo aquí. El reciente pirateo masivo –más de 100.000 descargas en unos días- de Lobezno un mes antes de su estreno ha sido justificado por más de uno alegando que, a fin de cuentas, se estaba atacando a “una multinacional”, lo cual, aplicado a otros campos, nos daría pie a llevarnos sin pagar cualquier cosa fabricada por esas malvadas corporaciones.
Porque hay una cosa indudable: el futuro de la industria del entretenimiento está en las descargas. Nadie quiere soportes físicos. Comprar CDs y DVDs es cosa de viejunos, y Sony se está comiendo con patatas su Blu-Ray. El público quiere las cosas en su casa, las quiere rápido, sin esperar fechas de estreno divididas en todo el mapamundi, y pagando precios justos. La oferta legal no deja de crecer, y va a seguir haciéndolo en los próximos años. Es impensable creer que con el tiempo los controles y la regulación sobre quién se baja qué no se van a ir haciendo más precisos y exhaustivos; hay demasiado dinero en juego. ¿Vamos a llamar fascista, inútil, interesado y lacayo de la SGAE a todo el que nos recuerde esto?
Supongo que, si han llegado hasta aquí, habrán visto que a lo largo de este artículo no he ofrecido ni una sola solución al problema. Y es porque no la tengo. Un cambio en los hábitos mundiales de consumo audiovisual –y habrá que ver si dentro de poco, también escrito, con el nuevo auge de los ebooks- es algo de tal magnitud y complicación, que sólo podrá ser resuelto con mucho trabajo y mucho diálogo por todas las partes interesadas. Que las multinacionales del sector han hecho mucho el burro en los últimos diez años, negándose a ver las señales y exprimiendo la vaca del DVD, es algo incuestionable. Que aquí hay mucha gente a la que le gustaría que la Red siguiera siendo Dodge City, también. Insisto en que no sé cuál puede ser la solución, pero sí tengo claro que no pasa por portarse como un montón de niños pequeños berreando porque la nueva seño les tiene manía.
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Carlos Salas: “El ebook cambiará la industria de libros y periódicos”
Publicado el 14 14UTC Abril 14UTC 2009 4 comentarios
Paradojas de la vida; se pasa uno la vida escribiendo, y se convierte en noticia por aquello que lee. Carlos Salas, desde luego, ha escrito mucho en su carrera periodística, desarrollada a lo largo y a lo ancho de algunos de los principales medios impresos de nuestro país. Primero en Actualidad Económica, luego en El Mundo y, posteriormente, como director de Capital, El Economista y Metro… Nunca ha parado. Pero, a pesar de ser uno de los principales periodistas económicos del país, y de estar a punto de lanzar un libro –La crisis explicada a sus víctimas, de la editorial Áltera- lo cierto es que no aparece en Tecnovedades por nada de eso.
Carlos Salas es también lector, cosa que no se puede decir de todos los que nos dedicamos a esto; y, desde hace unas semanas, es el feliz poseedor de un ebook – libro electrónico para los puristas del idioma-, que le ha dado un giro completo, y posiblemente irreversible, a sus hábitos de lectura. No se ha separado de él; al abundante contenido de serie le ha incorporado material nuevo. Lo ha enseñado a los amigos y lo ha llevado consigo por universidades y redes de transporte público. Su conclusión no admite dudas: como lector, ha entrado en otra galaxia. Pero es una galaxia en la que, asegura, todos nos vamos a encontrar tarde o temprano.
Has pasado los últimos meses escribiendo un libro sobre la crisis, y justo cuando lo terminas y lo entregas a la editorial para que sea publicado en papel… empiezas a usar el libro electrónico. ¿Qué modelo es y cómo llegó a tus manos?
Me lo regaló mi mujer el día de mi cumpleaños, el 21 de marzo, y desde entonces ha cambiado mi forma de leer. Es un Papyre. Se fabrica en Granada aunque es con licencia de una compañía coreana o china que se llama Hanlin, que produce este modelo. Viene con 400 libros en una tarjeta SD. ¿Te imaginas? Cuatro centenares de libros en media patata frita. Eso no deja de sorprenderme y creo que va a cambiar este negocio. Lo leo en el metro, cuando voy por la calle o antes de acostarme. Es más cómodo porque no tengo que sostenerlo con ambas manos antes de pasar página, me basta con apretar un botón. No cansa a la vista porque es tinta electrónica. Puedes aumentar el cuerpo de la letra hasta prácticamente leerlo sin gafas, y ponerlo de forma vertical u horizontal. Pesa unos 300 gramos, con lo cual es muy manejable. Esta versión es bastante sencilla… y la más barata, por eso cuesta menos de 300 euros. Hay otras versiones en las que puedes subrayar las páginas con un lápiz digital.

¿Cómo fueron los primeros días con él?
Casi no lo solté. Me iba a todos los sitios de mi casa con el libro. Le cargué mi libro sobre la crisis, quiero decir las pruebas que me enviaba la editorial. Y lo corregí así. Como no puedo marcar las páginas con un puntero especial, tuve que hacerlo aparte con una hoja en blanco y un bolígrafo, pero hay otros ebooks que sí te permiten hacer eso. Le he cargado música, porque te permite leer y escuchar a la vez, y artículos que encuentro en los medios digitales y que quiero leer mientras voy en el metro.
¿Y qué ha ido comentando la gente cuando te ha visto usarlo?
El otro día tenía que dar una charla en la facultad de periodismo de la Complutense y me cargué dos artículos que hablaban sobre los cambios que está sufriendo la profesión. Me los leí por el trayecto. La gente me miraba en el metro y yo les miraba a ellos, y me preguntaba qué era eso que llevaban en las manos. Algunos me decían que se llamaba periódico… Cuando se lo enseño a mis amigos me dicen con cara de extrañeza: ¿qué es eso? Y cuando les digo para qué sirve se quedan aún más extrañados; lo ven como algo tan moderno y tan fashion que no se imaginan todavía que pueda ser para ellos. Luego, hay alguien que dice eso de: “donde esté el romántico libro de papel…”, y me recuerda a la gente que decía: “donde esté la máquina de escribir Olivetti que se quite el PC”.
Ahora que llevas unas semanas con él, ¿cómo resumirías la experiencia? ¿Es sólo un juguete o es un complemento que piensas seguir usando de ahora en adelante?
Esto va a cambiar la industria editorial, no sólo a los que fabrican libros sino a los que fabrican periódicos. El ebook se convertirá en la próxima Navidad en uno de los cacharros más vendidos. En Estados Unidos, el Kindle se agotó en las pasadas Navidades. Serán cada vez más baratos y tendrán más utilidades. Te ahorra espacio en tu librería, o en tu maleta cuando sales de viaje. ¿Te imaginas cargando 400 libros? La batería dura 30 o 40 horas. Puedes llevarlo a todos sitios y en algunos aparatos ya puedes leer tu correo electrónico, conectarte a internet y hacer más cosas. Fujitsu ha sacado ya el ebook con pantalla a color.
Pero has hablado de los periódicos, no sólo de los libros…
En un ebook puedes leer los periódicos cada mañana, y con mucha comodidad. ¿Para qué ir al kiosco si un sistema inalámbrico te lo carga cuando estás despertando? Puede ser el fin hasta de los gratuitos, salvo que se adapten a este formato. Periódicos y revistas deberían de pensar en hacer contenidos adaptados a estos tamaños como hacen en Estados Unidos, donde suscribirte a una revista como Time te pasa de 233 dólares a 20 al año. La pantalla es lo bastante grande como para leer muy bien cualquier texto y ver imágenes, y lo bastante pequeña como para caber en el bolsillo de una americana, no te digo ya en un bolso de mujer. No sé si será el fin de los editores: tendrán que adaptar sus editoriales a los libros digitales. En Estados Unidos puedes comprar un libro digital a mitad de precio que uno de papel, lo cual no está mal. Se evitan intermediarios; y se ahorra papel y no se devastan los bosques, ahora que todo el mundo está tan sensibilizado.
Algún inconveniente le habrás visto…
El principal es que todavía son muy caros, aunque si sacas la cuenta de cuánto te gastas en libros, a lo mejor lo amortizas antes de lo que piensas. Otro inconveniente es que no hay suficientes libros electrónicos digitalizados en español, quiero decir, modernos. Los clásicos ya están en internet con lo cual te los descargas en un momento. Pero obras modernas, textos científicos… de eso no hay.
Entonces has elegido un mal momento para publicar un libro en eso tan anticuado que se llama papel. Pero como trata de la crisis, a lo mejor interesa…
Lo que voy a decir es importante: hasta ahora han salido varios libros sobre la crisis escritos por profesores del IESE o por economistas. Pero este es el primero escrito por un periodista de información económica. Nuestra profesión tiene algo que decir, y además, lo tiene que decir con su voz y con su sentido de la crítica y la forma de exponerla. Es un libro ameno, muy reportajeado y con mucha información. Por ejemplo, para hablar de cómo se originó esto, me remonto a los años setenta, cuando se revolucionó la Bolsa de Chicago con el Mercado Internacional de Divisas. Eso fue el principio de la sofisticación financiera que dio lugar a esos productos que luego nos enloquecerían… Pues bien, hablé con Leo Melamed, la persona que creo esa revolución. Luego, hay un capítulo dedicado a los brokers, a lo que ganan y a su codicia: hablé con muchos de ellos, que me dijeron lo que ganaban y los riesgos de su negocio. También hice una visita a Seseña, a la Ciudad Fantasma, que es el monumento a nuestra locura inmobiliaria, y entrevisté a Paco el Pocero… Es decir, no es un libro hecho en dos días. Lo empecé a preparar en octubre y lo escribí entre diciembre y finales de febrero. Tiene mucha información, algunas que se desconocen en España como la culpa del Banco de España por no controlar a las sociedades de Tasación. ¿Y sabes lo mejor? Que he usado una metáfora: la peste bubónica que azotó Londres en 1665 y que describió tan bien Daniel Defoe en Diario del año de la Peste. El libro además está lleno de ilustraciones como si fuera un cómic, una novela gráfica, a todo color.
¿Cómo consideras la aparición de los libros electrónicos desde el punto de vista del escritor? ¿Suponen nuevas oportunidades de negocio?
El autor seguirá siendo esencial, pero tendrán que existir sitios y portales para acceder a esos autores. Ya hay ebooks que cuando te los descargas, vienen con un autógrafo del autor dedicado expresamente a ti: basta con que pongas tu nombre antes de descargártelo. Stephen King y la premio Nobel Toni Morrison ya están enganchados a los ebooks y de hecho este último fue la estrella que presento el Kindle de Amazon en una cadena de librerías norteamericana. En España, Alberto Vázquez Figueroa lanzó su última novela por internet y se puede descargar en ebook. Y la agencia de Carmen Balcells ha llegado a un acuerdo con sus principales escritores para lanzar sus libros en formato electrónico. Esto es una revolución.
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Nueva edición de la WhyFLOSS Conference
Publicado el 13 13UTC Abril 13UTC 2009 Sin comentarios aún ...
Para los americanos, la palabra floss aplicada a los piños se refiere al hilo dental, ese complemento de la higiene bucal que todos deberíamos pasarnos entre incisivos y molares unas cuantas veces al día (pero vamos siempre con tanta prisa…). Ultimamente, FLOSS significa otra cosa no menos interesante: son las iniciales de Free/Libre/Open Source Software, es decir, tecnologías abiertas y disponibles para todo el que las quiera usar y mejorar. El próximo Congreso Internacional para divulgar la conveniencia -o incluso la necesidad- del software libre, se celebrará en la Universidad Carlos III de Leganés (Madrid) el próximo 21 de mayo. Aunque falta más de un mes, ya es posible pasarse por su página web tanto para informarse de los ponentes y contenidos como para sugerir ponentes y contenidos, que esto de Internet va en dos direcciones y hay que ir dando ejemplo. Y conviene hacerlo si se tiene planeado asistir ya que, aunque la entrada es libre, requiere de inscripción previa.
Por aquí nos iremos haciendo eco de las novedades. La asistencia de Bill Gates, por el momento, no está confirmada.
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Por si no nos habíamos dado cuenta…
Publicado el 3 03UTC Abril 03UTC 2009 Sin comentarios aún ...
A pesar de que su título no sea a priori muy apasionante, Medios, modernidad y tecnología, del profesor inglés David Morley (ed. Gedisa, 2008) demuestra una puntería excepcional a la hora de analizar la relación de las innovaciones tecnológicas con esta era frenética en la que estamos viviendo. Como muestra, me he permitido entresacar el siguiente párrafo:“Para los miembros muy estresados y móviles de esas familias con dobles ingresos, la cuestión de quién pasa a buscar a los niños de qué lugar y a qué hora, por ejemplo, de sus actividades después de la escuela, se negocia cada día, por teléfono móvil y por correo electrónico. Cuando llegan a casa, los niños pueden recitar sus actividades para el día siguiente, mientras los padres las anotan debidamente en sus Palm Pilots, verifican si hay algún problema con sus demás citas y prometen a sus hijos confirmarles el lugar y la hora donde pasarán a buscarlos a media tarde del día siguiente. Este es un mundo donde ahora la educación virtual tiene que llevar parte de la carga del cuidado de los hijos, y donde estar en contacto electrónico con un hijo (darle la bienvenida a casa con un mensaje de texto, desearle que “tenga un buen día” como una manera de demostrar preocupación y responsabilidad) puede cumplir un papel cada vez más importante en los patrones de crianza de los hijos”.
Y, unas páginas más adelante, este otro párrafo, referido al mundo laboral:
“Un alto porcentaje de los correos electrónicos que se intercambian en el mundo son enviados por personas que trabajan en el mismo edificio”.
He visto el caos, y somos nosotros (parece).
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Livin’ la vida WiFi
Publicado el 26 26UTC Marzo 26UTC 2009 Sin comentarios aún ...¿Quién dijo que los blogs están pasados de moda? Algunas empresas siguen apostando por el modelo corporativo para apuntarse a las modas sociales y comerciales. Desde hace ya más de dos años, el grupo Gowex, uno de los principales referentes en cuanto a comunicaciones inalámbricas se refiere, tiene abierto su blog La Vida Wifi con noticias y novedades sobre el particular. Muy útil para conocer al día todos los terrenos por los que van avanzando las redes inalámbricas, desde el centro histórico de Jerez de laFrontera (mi ciudad natal, ya es casualidad) hasta el último modelo de Cadillac.
Igual de interesantes son los datos obtenidos por el Observatorio Wireless del grupo: de los más de 17 millones de usuarios de Internet en España, más de 11 millones eran (somos) usuarios de redes WiFi, y el número de municipios wireless de nuestro país supera ya los 200. Es de agradecer, pero parece aún poca oferta para tanta demanda, tanto smartphone con conexión, tanta gente con ansia de conectarse. En un mundo perfecto nos conectaríamos gratis y sólo pagaríamos (y no demasiado) por determinados servicios y aplicaciones, pero… esto no es un blog de ciencia-ficción.
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Carga y descarga
Publicado el 23 23UTC Marzo 23UTC 2009 Sin comentarios aún ...Es duro admitirlo, pero parece que sigue habiendo gente por ahí que considera que su teléfono móvil es sólo eso, un teléfono móvil. Esa es, al menos, la conclusión de un estudio sobre hábitos de consumo móvil realizado por la consultoría Zogby International que Skype acaba de presentar en nuestro país. Se ha desarrollado en los últimos tres meses entre 3.000 usuarios de Estados Unidos, Reino Unido, Japón y España. Su conclusión: “Los usuarios móviles de todo el mundo aún perciben una gran diferencia entre el control que tienen sobre los ordenadores frente al que tienen sobre los dispositivos móviles”.
Para esa conclusión, podría decirse, no hacen falta según qué alforjas. Pero es que esta diferencia, según los responsables de Zogby, es uno de los motivos principales de que los usuarios sigamos siendo especialmente reticentes a descargar aplicaciones a nuestros móviles; de hecho, un 70% de los encuestados no lo ha hecho jamás. Y, cuanta más diferencia perciben entre los dispositivos de control de su móvil y su ordenador, más reacios son a apuntarse a lo que las operadoras están intentando con todas sus fuerzas que sea uno de los pilares económicos para su vejez.
Ejemplos: “En Japón, Estados Unidos y Reino Unido es donde los encuestados afirman tener menor control sobre sus teléfonos móviles (67%, 78% y 65%, respectivamente), lo que se corresponde con el hecho de que sean los países donde se descargan menos aplicaciones (22% en Japón, 26% en Estados Unidos y 28% en Reino Unido)”. ¿Y España, dónde está aquí? A niveles de tenis o fórmula 1, es decir, en cabeza: “El 53% de los encuestados (españoles) afirma no notar diferencias entre el control que tienen sobre el móvil y el que tienen sobre el ordenador; El 46% de la muestra piensa incluso que tienen más control sobre el móvil que sobre el ordenador; casi la mitad, el 47% considera su teléfono móvil como una extensión de su ordenador”. No ya más que los norteamericanos, que en cuanto se compara a un madrileño con uno de Alabama la media sube mucho, sino incluso con los japoneses, que nacen con el UMTS debajo del brazo. Pues con esos, también.
Cosa curiosa, el estudio no da cifras sobre el porcentaje de virgueros usuarios españoles que están dispuestos a olvidarse de la crisis por un rato y pagarse una ronda de descargas. Pero sí índica que “casi la mitad de los usuarios españoles de móviles afirma que pagaría más por un dispositivo móvil que le permitiera controlar sus aplicaciones”; es decir, libertad para elegir ellos mismos las aplicaciones que más les interesaran “en vez de que lo hagan las operadoras”. Y esta reticencia a depender de las operadoras para las descargas es abundante y común en las zonas de la encuesta y, sospecho yo, en cualquier otra que hubieran elegido.
Puede que si no descargamos más no sea sólo por desconocimiento tecnológico. El miedo a las sorpresas en la factura quizá tenga también algo que ver, aunque resulta difícil de creer, vista la cantidad de gente que contribuye a pagar el sueldo de Ana Rosa y similares enviando –y pagando- SMS a mansalva. Pero un SMS por lo menos sirve para que tu nombre, tu mensaje y tus faltas de ortografía, aparezcan por unos segundos en la pantalla. ¿La gente sabe verdaderamente qué les ofrecen estas aplicaciones?
Scott Durschlag, Chief Operating Office de Skype, ha hablado de “ofrecer en los teléfonos móviles una experiencia de comunicación enriquecida, similar a la del PC, que combine voz, vídeo, mensajería instantánea y transferencia de archivos. Con ello, los consumidores ganan, y también la industria, dado que se impulsan las tarifas de datos y con ello la facturación”. Se le olvida mencionar al señor Durschlag que todas esas aplicaciones son gratuitas en el PC. No tanto en el móvil.








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