Tecnología y sociedad: sobre el mundo digital y quienes vivimos en él
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  • Por qué Internet necesita una legislación (1): ¿Cuántos amigos voy a perder?

    Publicado el 24 24UTC Enero 24UTC 2010 Vicente Fernández de Bobadilla 5 comentarios

    Algunos periodistas construyen su reputación a partir de un solo éxito, un programa o un medio cuya reputación permanece por siempre inmaculada, y al mismo tiempo impulsa la suya propia durante el resto de sus carreras. Es el caso de Jose Luis Balbín y La Clave. Emitido en TVE durante los primeros años de la Transición, ha quedado en la memoria de quienes lo vimos como un espacio de debate modélico, de los mejores que jamás hayan pasado por nuestras pantallas (inciso: ya que TVE está enfocada –dicen- a cumplir con su cometido de servicio público, podría ocurrírsele a alguien colgar en su web una selección de los mejores espacios del programa, igual que han hecho con serie señeras como Curro Jiménez o Los Gozos y las Sombras. Sólo una sugerencia).

    ¿Qué tenía La Clave de particular? Básicamente, dos cosas: una, el nivel de los invitados, expertos nacionales e internacionales en el tema que fuera a debatirse en cada programa. Y dos, el tono general de los debates, que respondía sin estridencias a eso que entonces se entendía por intercambio de ideas, mesurado y respetuoso, que lograba que los espectadores sintiéramos esa sensación tan excepcional cuando de la televisión se trata que es la de estar aprendiendo al tiempo que se ve y se escucha.Unos tiempos anteriores a la llegada del padre Apeles, Juan Adriansens o Isabel Durán, y que, como todos los tiempos pasados, se han perdido para siempre, y en esta ocasión por más de un motivo.

    ¿Pero aquí no íbamos a hablar de Internet? A eso voy. Todo este rollo preliminar venía porque el intercambio de improperios en que se han convertido desde hace ya tiempo las reuniones, propuestas y contrapropuestas sobre una legislación que controle de alguna manera el intercambio de archivos en Internet le hace añorar a uno los tiempos de La Clave. Es un campo en el que da bastante miedo meterse, más todavía si uno no es más que un triste bloguero del montón y encima va provocando y se atreve a sostener opiniones que, si bien no siguen al pie de la letra la línea del gobierno, sí sostienen que estamos ante una situación descontrolada que necesita de algún tipo de normativa.

    Mantener esa postura, tal y como está el patio, equivale a comprarse papeletas de quince en quince para ser tachado de fascista, gilipollas, sectario, apesebrado de Zapatero o todo lo anterior; para verse obligado a reforzar el antivirus y que no deje pasar ni al cobrador de la luz; para que el listado de amigos en Facebook descienda de manera fulminante… y los contactos en el mundo físico, también. Es algo parecido a lo que te ocurría en los ochenta si te atrevías a decir en voz alta que no te gustaba el cine de Almodóvar; aunque ahora, dos Oscar y muchos triunfos después, ya podamos despellejarle a gusto.

    Nunca hemos sido en España muy dados a los matices. Por ello, no tiene ningún sentido plantearse analizar un asunto lleno de complejidades, sacar la cabeza fuera del agua para ver cómo andan las cosas por otros países, ver todos los detalles que diferencian las razones de cada una de las partes que intervienen. Nada de eso; es mucho más sencillo arrogarse el papel de defensor a ultranza de la libertad de expresión, y demostrarlo a continuación acusando a todos los que no piensen como uno de ser unos vendidos a intereses del pelaje más diverso, pero todo oscuros por igual. Eso es lo que estoy percibiendo yo, al menos en buena parte de los autoproclamados representantes de los internautas y en no pocos medios de comunicación cada vez más inclinados a la descalificación del contrario como elemento principal. Sin contar, obviamente, los que se han lanzado a utilizarlo como arma política, intentando vender la idea de que sin este gobierno viviremos mejor, al menos en ese aspecto, y cualquiera que llegue después dejará a los internautas campar y descargar por sus respetos. Educadamente, permítanme que me parta la caja. Y en entradas posteriores intentaré explicar los  motivos.

    Dicho todo esto, y aún con la íntima convicción de que no servirá de nada, voy a intentar exponer aquí por qué Internet sí necesita una legislación. Es un tema, ya lo he dicho, largo y enrevesado, que va a necesitar de más de una entrada para siquiera empezar a desarrollarse. Así que, si alguien ha tenido la paciencia de leer hasta aquí, le pediría que la tuviera también para leer los siguientes posts, que comenzará, creo, del modo más lógico: con un poco de historia para ver cómo empezó todo esto y cómo hemos llegado a estar donde estamos.

     

    5 comentarios sobre “Por qué Internet necesita una legislación (1): ¿Cuántos amigos voy a perder?”

    1. ¿Cómo ha empezado? Está claro, primero surge la práctica y luego se legisla.
      En un principio nadie piensa que aquello va a utilizarse “contra” alguien… luego siempre hay listos a los que poner coto. Porque no nos engañemos, nadie te da nada gratis. Todos tienen un soporte publicitario, unos datos que introducir que suponen un fichero vendible, etc… a costa de los que crean, trabajan, invierten… Soy consciente de que me llegarán enemigos, pero los que escribimos para ganarnos la vida estamos asustados, como lo están los músicos “de facto”.
      También es cierto que si los antecedentes penales prescriben en 6 años por la legislación española, en internet no desaparecen. Siempre estará a mano del experto buscador de prestigio en la red… ¡Y para quienes quieran difundirlo! El Derecho al Olvido que también prevé la legislación no existe en internet.
      ¡Ánimo! los que van a ganarse enemigos se saludan.
      Almudena

    2. Adelante con la tarea, ya sabes, multi sunt vocat, pauci vero electi. Lo que es seguro es que la red necesita un poco de claridad legislativa, en todos los sentidos.Así no pasarían cosas como que un juez pueda considerar que los medios en internet no son prensa y los abusos de algunos tal vez sean un poco más difíciles.
      Y por lo lo de las amistades, recuerda que la valía de alguien no se mide sólo por el número de amigos… también por el de enemigos ;-D

    3. lo que me revienta es que la mayoría de las vociferaciones del tipo “están matando la cultura” “cultura gratis para todos” “mercachifles” provienen de gente que no está dispuesta a mover un dedo para aportar nada de nada, se limitan a abrir la boca y esperar a que se la llenen y no tienen reparo en apuntarse méritos ajenos, negándole a los autores no ya los medios de ganarse la vida, sino incluso el reconocimiento.

      La opción SGAE da nauseas, pero tiene que haber un punto intermedio que no consista en esperar a que la red se regule sola, porque después de un siglo y medio largo de capitalismo ya deberíamos saber lo que significa eso de la autorregulación

    4. lo que me revienta es que la mayoría de las vociferaciones del tipo “están matando la cultura” “cultura gratis para todos” “mercachifles” provienen de gente que no está dispuesta a mover un dedo para aportar nada de nada, se limitan a abrir la boca y esperar a que se la llenen y no tienen reparo en apuntarse méritos ajenos, negándole a los autores no ya los medios de ganarse la vida, sino incluso el reconocimiento.

      La opción SGAE da nauseas, pero tiene que haber un punto intermedio que no consista en esperar a que la red se regule sola, porque después de un siglo y medio largo de capitalismo ya deberíamos saber lo que significa eso de la autorregulación

    5. Adelante con la tarea, ya sabes, multi sunt vocat, pauci vero electi. Lo que es seguro es que la red necesita un poco de claridad legislativa, en todos los sentidos.Así no pasarían cosas como que un juez pueda considerar que los medios en internet no son prensa y los abusos de algunos tal vez sean un poco más difíciles.
      Y por lo lo de las amistades, recuerda que la valía de alguien no se mide sólo por el número de amigos… también por el de enemigos ;-D