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Por qué Internet necesita una legislación (3): releyendo a Lessig
Publicado el 14 14UTC Febrero 14UTC 2010 Sin comentarios aún ...Si se quiere pasar por un verdadero pedante, no hay que decir que se está leyendo a un autor famoso: hay que decir que se le relée. Sin ir más lejos, yo me leí El código, de Lawrence Lessig nada más publicarse. Luego, lo sepulté en la estantería correspondiente, y ahora, unos años después, lo he sacado de ella para someterlo a un intenso repaso.
El motivo es que quería repasar lo que Lessig tenía que decir sobre normas y regulaciones en la Red. De alguna manera, el nombre de este Catedrático de Derecho de Harvard ha ido ganándose con los años una reputación creciente de enemigo declarado de los derechos de autor, a los que consideraría como algo que la Humanidad debe dar por superado y enterrar en el olvido, como se hizo en su día con las monarquías absolutistas o los calentadores de piernas. Supongo que todos conocemos el vídeo que circula por You Tube donde se anuncia la desaparición de la prensa tradicional para el año 2015 y se especula con que Lessig será nombrado Ministro de Justicia en Estados Unidos… y lo primero que hará será declarar ilegal el copyright.
Uno, la verdad, no sabe de dónde salen estas cosas. Porque una relectura de su obra fundamental deja completamente claro que Lessig jamás ha promulgado la eliminación del copyright ni nada que se le parezca. Sí ha escrito, en más de una ocasión, sobre la necesidad de transformar el modelo actual, que se está demostrando cada vez más imperfecto para tratar de manera eficiente la evolución que el concepto de derechos está viviendo en la sociedad digital (Los interesados pueden leerse esta entrevista publicada en Muy Interesante, estupenda… aunque escriban su apellido “Lessing”. como si fuera pariente de la premio Nobel). Y ha hecho algo más que escribir, como demostró con su iniciativa de lanzar Creative Commons, un nuevo modelo de gestión de derechos que permite a los autores fabricarse un copyright a medida, sin que ello signifique renunciar a percibir ingresos por su trabajo.
Que el problema de la gestión de derechos de autor viene de bastante más atrás que las últimas andanzas de los Teddy Boys, lo prueba el examen que Lessig hace del Libro Blanco preparado por el Departamento de Comercio de Estados Unidos en 1995 (El Código es de 1999), donde se intentaba buscar una solución a los cambios en “la propiedad intelectual y la infraestructura nacional de información”. No voy a ponerme aquí especialmente exhaustivo sobre los comentarios de Lessig, pero sí quisiera resaltar uno: su principal crítica a este Libro Blanco radica en que parte de una idea “fundamentalmente equivocada: la idea de que la naturaleza del ciberespacio es la anarquía”. Lo que hizo Lessig fue criticar los contenidos y el desarrollo de ese Libro Blanco; no la necesidad de que exista un Libro Blanco o algún tipo de regulación.
Su apuesta por esa regulación es, como en todo el libro, el código, la conjunción de hardware y software que conforman el ciberespacio y que deberían contribuir a su configuración y control. “Por un lado podemos construir, desarrollar la arquitectura del ciberespacio o codificarlo para que en su seno de protejan los principios y valores que consideramos fundamentales; y por otro podemos construir, desarrollar su arquitectura o codificarlo de modo que dichos principios y valores desaparezcan. No hay un punto medio”. Y esa arquitectura está presente en todo tipo de cuestiones legales que puedan derivarse del uso y desarrollo de la Red.
¿De dónde ha salido la idea de que este hombre está contra el copyright? “Si la ley no protegiese en absoluto al autor, habría pocos autores. La ley, pues, posee una razón para proteger a los autores, al menos en la medida en que, haciéndolo, les proporciona un incentivo para producir”. Esta es la misma frase que, por su sentido común, ha sido repetida infinidad de veces por autores de todo pelaje y condición, y que les ha hecho, merecedores de calificaciones de lo más variado o, mejor dicho, sin demasiada variación: hienas, peseteros, parásitos, y unas cuantas cosas más.
Este repaso a la obra más conocida de Lessig me ha hecho ver que no estaba tan solo como creía. Así que seguramente voy a seguir recurriendo a ella a la hora de examinar aspectos como la libertad de expresión, derecho a la privacidad y otras cosillas que seguramente irán apareciendo por aquí. Pero sí resulta que Lessig realmente no defiende la desaparición del copyright entonces ¿quién lo hace? ¿Qué dicen las voces patrias más oídas en el entorno de Internet? Probablemente sea lo que consulte en la siguiente entrega.
Y mientras tanto, si quieren conocer mejor a Lessig, pueden hacer tres cosas: una, buscar este libro, que ya debe estar pelín desaparecido. Dos, comprar en esta página su nueva versión actualizada y ampliada, por 26 euros… o, tres, descargarse, en esta misma página una versión en PDF completamente gratis. ¿No es el mejor ejemplo de la evolución del copyright?





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